Originalidad, sentido universal y posición trascendente

 

Cierto es que, cada ser, se muestra como una originalidad irrepetible; con múltiples parecidos, con signos comunes…, pero cada ser tiene un ánimo, un sentir, un hacer… “peculiar”.

Ahora bien. Cierto es también que es fácil refugiarse en la “originalidad” que cada uno posee –y más que poseer, que es- y en base a ello dar una respuesta que obliga, que impone, que exige.

Es ahí donde la Llamada Orante nos incide hoy, para que seamos capaces de añadir, a esa “originalidad”… –que la Creación ha querido que sea así-, un sentido universal y una posición transcendente.

“Sentido universal” en el aspecto del estar, de sentirse miembro de una especie, de sentirse parte de una expresión de la vida, de amplificar nuestra originalidad hacia espacios… nuevos.

Lo original no es estático. Se interpreta habitualmente que “esto es así, y ya”; y “esta persona es así, y ya”. Bajo esa actitud nos hacemos deterministas. Pero esa no es la verdadera naturaleza. La verdadera naturaleza, en la originalidad, es la evolución, la amplificación, la innovación…

En definitiva, la Creatividad.

Por eso, el ampararse en que “yo soy así”, tiene su parte de cierto, pero su parte absolutamente incierta, y es el negarse a amplificar-creativizarse en el estar.

Eso, por una parte. Por otra parte, la Llamada Orante nos habla de la trascendencia. Sería la parte del ser, ya que el estar lo situamos en lo creativo, partiendo de la originalidad, de la excepcionalidad.

Ese “estar” se hace y tiene la vocación de trascender.

Sí. Nuestra transitoriedad por diferentes espacios… se da gracias a la trascendencia. Creamos en ella, o no, está ahí, porque es la que nos permite despertar… almarnos… admirarnos… asombrarnos.

Así que nuestra originalidad creativa se ‘con-funde’ –en el sentido de fundirse- con una actitud transcendente.

Habitualmente, esta palabra queda grande, holgada y… Pero hay un dicho, muy simple, que se dice –depende de quién, se dice con sentido, o por norma o por costumbre- que nos da un toque transcendente: cuando, al hacer esto o aquello, o al superar esto o lo otro, añadimos “gracias a Dios”, como dándonos cuenta –consciente o subconsciente o inconscientemente- de que, si no hubiera sido por, teóricamente, ese plus –digo “teóricamente” porque es lo que es: bajo nuestra óptica racional sería un plus-, sin ese “plus” no se hubiera conseguido, logrado, adquirido y posibilitado tal o cual acontecer.

También desde la óptica del “gracias a”, aparece, obviamente: “desgraciadamente, Dios no ha querido que…”, como si el Misterio Creador hoy nos diera, mañana nos quitara, pasado nos impusiera…

Es una idea primitiva y de causa-efecto. Pero cuando asumimos nuestra originalidad, expandimos nuestra expresión en lo creativo, y así estamos como artistas de la vida, nos damos de inmediato cuenta de que algo más que nuestras habilidades son las que están presentes, y son las que logran y alcanzan.

El darse cuenta de ello es lo que nos inicia en la transcendencia.

Y ese inicio en la transcendencia es lo que nos da la posibilidad de hacer, de cada acto, de cada acción, de cada actitud…, un momento único, irrepetible, inolvidable.

Y así debemos asombrarnos de nosotros mismos, y asombrarnos –obviamente- de todo el entorno. Y empezar a ver la excepcionalidad de cada ser, la originalidad de sus posiciones, e interactuar transcendentemente; porque “eso”, “aquello” o “lo otro” que me gusta o no me gusta, es una instancia transcendida de la Creación.

Resulta difícil asumir determinadas actitudes o posiciones de unos y otros. Pero cuando creativizamos nuestro estar y transcendemos nuestro ser… y nos sentimos una expresión de lo Eterno –de ahí nuestra originalidad-, entonces contemplamos a los otros, a los de más allá, a los distintos, a los diferentes… los contemplamos con respeto, con asombro; quizás –o sin quizás- por lo incomprensible, lo inaceptable, lo terrible que pueda resultar, para nuestra consciencia, tal o cual acción, tal o cual ser.

Pero cuando conseguimos… –“gracias a Dios”- cuando conseguimos, en actitud, esa posición, nos damos cuenta de la enseñanza que cada ser, en su… estricta originalidad, nos proporciona. Son los peldaños y los pasos que nos permiten la expansión, la evolución, esa creatividad.

La puesta en práctica de estas directrices nos permite… –además de universalizarnos- nos permite des-limitar; es decir: borrar el límite. Esa universalidad no se agota en nuestro espacio-tiempo de este lugar del Universo, sino que esa universalidad se amplifica en la Creación.

Y en esa Creación y en ese creer… entramos en la posición de la Mística; de ese Misterio grandioso que late.

Con una creatividad expansiva, con una transcendencia emotiva, con una universalidad creadora y con una experiencia mística de asumir todo el Misterio… con todo ello tenemos un basamento, un molde. Pero un molde que no es fijo. Es un molde “moldeable” –valga la palabra-; unas coordenadas, en definitiva, que nos muestran cuál es… cuál es la dimensión de nuestro transcurrir.

Que no pasamos por pasar, sino que… pasamos con ‘con-sentido’. “Pasamos con ‘con-sentido’”.

Y asumidos como místicos… –sin ánimos comparativos, sino por la propia naturaleza que nos adorna pero que debemos ejercitar- asumidos como místicos, entramos en lo imprevisible. Pero entramos en ello con una actitud de confianza, con una obediencia gozosa.

Y así, todo lo que vaya a transcurrir lo incorporamos en consciencia, con una “misticidad”… que nos libra de la insidiosa razón de “los porqués”.

Contemplar nuestra originalidad supone una actitud de honestidad… en la que nos referenciamos con el entorno y nos posicionamos en el “deber” que nos corresponde según las dotes que hemos recibido. Y a partir de ahí, empezar a dotar, a nuestro espacio-tiempo-estar, a dotar de originalidad, nuestra función.

En principio debe ser fácil, puesto que si somos seres originales –sea cual sea la posición que nos corresponda según espacio-tiempo-, debemos estar originalmente. Y así nuestro hacer será… y tendrá esas características que dotamos por nuestra singularidad.

Y así se va esgrimiendo y desarrollando lo creativo.

Y cuando situamos esa originalidad en lo Universal, en principio en nuestro pequeño universo, y luego en el Universo insondable, nos damos cuenta de la necesidad que estamos realizando…; para la que estamos dispuestos. Ahí sentimos la Transcendencia.

Es decir, nuestra originalidad va mas allá del tiempo y espacio del momento.

Se reconoce en una Creación.

Con esa visión, visionamos todo el entorno y vemos la transcendencia que tiene cada acontecer… sin despreciar ninguna posición.

Abiertos a lo posible, a lo posibilitante, nos sentimos en el Misterio.

Nos hacemos místicos… sin que sea una propuesta ni una intención de lograr.

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La Oración que realizamos es una Oración que no está circunscrita a ninguna religión. Creemos que la Oración puede ser un instrumento Liberador y Sanador. Y tiene como referencia a la Creación, a las diferentes Fuerzas que nos animan sin entrar en ponerle un nombre u otro. La creencia de que la Oración es un elemento indispensable para nosotros, nos llevó a crear un espacio dedicado exclusivamente a la oración: “La Casa del Sonido de la Luz”, un lugar situado en el País Vasco , en Vizcaya, en la estructura de un caserío. Allí se realizan encuentros orantes y jornadas de retiro.

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“La Casa del Sonido de la Luz” ARGI DOINU ETXEA se encuentra en la localidad de Ea, Vizcaya. Un espacio abierto para los alumnos de la Escuela Neijing, los cuales pueden realizar estancias de 1 a 5 días.
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