Las variables, la rutina

 

 

Cuando contemplamos el transcurrir de la vida, en su biodiversidad, nos apercibimos de ¡muy diferentes!… comportamientos, muy complejas relaciones, muy infinitos contactos… y un sinfín de interrogaciones.

Cierto es que apreciamos ciclos y ritmos que tienen… que cada año –por poner una referencia- son muy semejantes; parecidos. No, iguales.

Esto es especialmente significativo en la oración de hoy: “no iguales”.

Así es que el universo creador se nos presenta como… “variable”. Hay una pluripotencialidad variable, de variables; que si bien es cierto que en algunos casos –los que están más a nuestro alcance- parecen repetirse, cuando los apreciamos con pulcritud descubrimos que son distintos.

Variables y variables… elevadas a infinitas potencias.

Si nos adentramos –hasta donde podemos percibir- en nuestro universo, nos daremos cuenta de que las variables son aún más sorprendentes; y nos adentramos a variables misteriosas, como puede ser la materia oscura o la energía oscura.

“Variables”.

Si la vida –entre otras cosas, además de sus mutaciones- se fue labrando… como la talla de una obra de arte, en base a cooperaciones, intercambios, relaciones… todo ello suponía variables. Y decimos “suponía” porque, poco a poco, con el desarrollo de las capacitaciones de la humanidad, se fue convirtiendo –y este dato es importante tenerlo en cuenta en el comportarse cotidiano-, se fue convirtiendo lo cíclico, lo variable, ¡lo curvo!..., en una regla, en una línea, en un proceso en el que el hombre se empeñó –y se empeña- en mantenerlo rígido, ¡invariable!

Y, para ello, establece la… “rutina”. Que pareciera el nombre de una hormona: “la rutina”. ¡Y actúa como tal!: “Por rutina, se hace esto, se hace aquello”… Y parece como si la rutina marcara, desde nuestros genes hasta nuestra voz, pasando por nuestros alimentos o cualquier otro elemento.

Y rutinariamente se accede a… a vivir de una manera, a moralizar de otra forma, a articular… Y, salvo cambios obligados –¡muy obligados!-, por circunstancias que la propia humanidad crea, la rutina se va convirtiendo en ley, en horma, en norma, en artículo…

Nos legislamos –y la humanidad se hace justicia- en base a la rutina. La moral se moraliza, y las moralinas se agrupan como lagartijas asustadas, para no permitir nada más que… lo que se ha establecido rutinariamente. Y salvo, insisto, necesidades de la propia rutina para poder seguir siéndolo –“necesidades de la propia rutina para seguir siendo rutina”-, la imposición de opciones coarta la creatividad, la improvisación, la expresión libre de los recursos y… y de la imaginería que cada cual pueda gestar.

“¡No!, aquí las costumbres son…”. “¡No!, aquí lo que se hace es…”. “¡No!…”.

Siempre con un “no” por delante.

 

La Creación es distinta y variable en cada fracción de su propia creación. ¡No sigue ninguna rutina! ¡No está sujeta a ningún nudo! Busca la mejor marea para acercarse, como las olas en la orilla: nunca, ¡nunca! –como si fuera una medida- una ola es igual que otra. ¡Pareciera una rutina!, cómo llega el pequeño oleaje a la orilla. ¡Ay! Pero, al observarlo, no tiene nada rutinario.

Pero, ciertamente, el hábito… termina haciendo el óbito. Sí; porque ¡no se renueva! –a propósito del año de ‘la renovación’-; ¡no se re-acomoda! –sin que se caiga en la comodidad-; no se posiciona de manera diferente, sino que lo hace de manera… disciplinariamente rutinaria.

Si… –y fíjense- si nuestros órganos –que nos sustentan en el abdomen y en el tórax- fueran rutinarios, sólo podríamos comer brócoli –yo lo siento, pero… hay que quitar esa manía de rutina contra el brócoli-. Sí; porque resulta que nuestro aparato digestivo tiene en cuenta infinitas variables: desde la suela del zapato de Charles Chaplin, hasta… hasta el brócoli; incluido la cebolla, el ajo, el perejil, el solomillo, la dorada, la langosta…; el café, el alcohol, los destilados…

¡Ustedes fíjense qué variables se pueden introducir en un menú! ¡Un simple menú! Si fuera constante, si fuera realmente una ley, nuestra capacidad alimentaria estaría restringida a una ¡estrechísima franja! ¡Y no! No. Somos capaces de tener un buffet alimentario matutino, a base de caviar, melón, langosta con huevo, y algunas crêpescon miel y mermelada de arándanos, para empezar; y, luego, dos huevos fritos con salchichas de Frankfurt, y unos zumos variados de papaya y naranja, para luego tomar un buen café de Kenia.

¡Un desayuno como Dios manda! ¡No sabemos cuándo mandó Dios ese desayuno!, pero eso es lo que dicen los dietistas: “¡Hay que desayunar fuerte!, ¡bien!, porque viene una jornada dura, y porque venimos de muchas horas, ¡muchas!… –bueno, “algunos”- sin comer; sin ingerir alimentos”.

Algunos nostálgicos añaden –sobre todo al caviar- el champán. Y así el desayuno está completo –como ven, sin brócoli-.

Son ¡variables! Variables que… no hablan de rutina. Porque puede ser que otro grupo humano desayune tan frugalmente, que sea un cometa: ¡fsssss!...

Dice:

-¿Y el…?

-¡No! ¡Hoy no! Hoy no toca.

-¡Ah! “Hoy no toca”.

O aquél que sigue la rutina:

-No. Yo, por la mañana, sólo un cafetito y un chupito de aguardiente.

¡Vamos!, y no le saques de ahí porque, si no, parece que se va a morir. ¡Qué aburrido!

Y nos preguntamos:

-Oiga, ¿la vida es aburrida? ¿Aburridora? ¿O se hace aburrida a base de una rutina… absolutamente inhibidora de la vida?

Bueno, y si llegamos a la hora del almuerzo –¿verdad?-, ¿qué decir? En realidad estábamos con los órganos –aparte de la variabilidad del menú-. Y, claro, cada vez que los sometemos a unas variables de alimentación, digamos que “según la estación”, ocurre que nuestro bazo, nuestro páncreas, nuestro hígado, nuestro esófago, nuestro estómago… se comportan de forma variable. No reacciona igual la mucosa gástrica cuando tomamos ácido sulfúrico que cuando tomamos horchata, ¿verdad? Se las compone de otra manera. O tomamos, en vez de una aceituna –“aceitunas, ¡una!”, que decía la tradición-, tomamos treinta y seis “gordales” con hueso incluido. Entonces, claro, el estómago reacciona de otra manera; el páncreas también, el hígado también, la vesícula biliar también, el sistema sanguíneo también, el cerebro –que ya está lleno de fósforo- también… También se introducen variables, elevado a la infinita potencia.

Sin duda, en nuestro tórax no respiramos rutinariamente 60 o 70 respiraciones cada minuto, segundo, cuarto o mitad. ¡No, no! Sino que, efectivamente, ajustamos la respiración a la… inclemencia del tiempo, a la tabla de gimnasia, al sedentarismo… y así respiramos con más ‘profusión’ que menos. ¿Y qué decir del emperador, del corazón? ¡Uf, uf, uf! Una fantasía sexual ¡lo pone a mil! –más que correr la maratón-; pero, otras veces, una complaciente sonrisa o un compartir grato, le pone como una marsopa, y parece… una esponja que se absorbe y se estruja; absorbe y se estruja; absorbe y se estruja… ¡Suave!... Dice:

-Pero ¿éste es el mismo corazón que hace un rato ha subido y bajado a la ermita, y se ha elevado a los cielos?

-¡El mismo!

-Pero antes iba a 110, 130 incluso.

-¡Ya! ¡Sí!

Porque las exigencias, las “rutinas”… a lo mejor se podían hacer gracias a la cantidad de variables.

O sea que resulta que nuestra composición no es rutinaria.

¿Y entonces, por qué tanto afán por la rutina?... ¿Será por aquello del bienestar? ¿Será por aquello de la comodidad? ¿Será por aquello de la calidad de vida? ¿Será por aquello del confort? ¿Será por aquello del usar y tirar…?

 

Seguramente, porque… lo rutinario –que ya se exige como algo necesario-, lo rutinario permite mayor control –muy mayor control-, mayor vigilancia, da más seguridad –sic-, ayuda a la manipulación, facilita el dominio…

¡Claro!, ¡esas cosas no se suelen decir!, sino que se habla de ‘la calidad de vida’, de ‘la seguridad’, de ‘el bienestar’, de ‘el confort’ and etc., etc.

 

Y si van fijándose en las rutinas que –obviamente- necesita una cadena de montaje, que necesita una fábrica, que necesita una producción… poco a poco el ser va acumulando movimientos, actitudes y hasta gestos, rutinarios.

¡Fíjense! Les ponemos un ejemplo mundial –mundial, ¿eh?, ¡mundial!, ¿eh?, ¡mundial!-; mundial, de la especie, o sea que no es tan mundial… –no hace falta sonreírse-. Bien. Entonces, el ejemplo mundial es el siguiente:

Como saben, hay un presidente en Francia –como República Francesa, ¿verdad?-, que se llama el señor “Monsieur Hollande”. ¿Vale?... ¡Vale! Bien. Hasta ahí todo normal –igual que tenemos nosotros un jefe de gobierno que se llama “Mariano”-.

Parece… parece similar, pero no, no es igual, ¿eh? Es muy diferente, ¿eh? –¡de verdad!, ¿eh?; en serio-. ¡Bueno! Y hasta ahí todo normal –todo normal, todo normal-.

Entonces, el señor Monsieur Hollande, bueno, tiene una serie de actividades como presidente del gobierno francés, como es visitar, cumplimentar, recibir embajadores, reunirse con agentes económicos… y también, pues hacer una pequeña campaña natural de estar con… ¡con la chusma!

“La chusma”: dícese de lo que todavía no llega a ser persona, ¿vale?

Bien. Entonces, se dan pequeños bañitos de multitudes y tal y cual. Y también, también –no hay que olvidar a la juventud-… pues se visita a lo mejor algún colegio –por ejemplo- para que los niños conozcan a su presidente; y sobre todo los profesores, conozcan a su presidente. Y hete aquí, ¡hete aquí! –aquí viene el ejemplo universal, parcial, claro, porque sólo es de esta especie-, hete aquí que el señor Hollande, en un alarde de naturalidad, pues puso una cara así… pues como las caras que ponemos cuando jugamos con los niños, ¿no?: “buaaaaa, ohhhh, iiiiiii”; una cara de payasete, una cara de… pues… ¡pues propia de un adulto al que le sale el niño de repente! Se sale de la “rutina” –le baja la secreción hormonal de rutina- y pone “cara de bobo” –podríamos decir así, en el argot, para entendernos-.

Pues inmediatamente –claro, los fotógrafos acompañan siempre al presidente-, inmediatamente hicieron fotos y las publicaron. En principio, sin mayor significado. Pero ¡inmediatamente! –eso sí: después de que todo el mundo viera la foto; pero al poco tiempo, ¿eh?- las agencias de prensa “Reuter” y “France Presse” –las dos más importantes en Francia-, ¡prohibieron la foto! –¡fíjense!-; la clausuraron.

¡Claro! Ya todo el mundo tiene una copia ahora. Rápidamente, ¿no? Y simplemente se ve la cara de este señor, pues haciendo una cara así, rara, típica de relación con los niños o… con alguna broma o… –¡bueno!, las circunstancias en las que estuviera-. El caso es que el hombre se salió de la rutina; y una foto fue secuestrada en el país de la “liberté, égalité et fraternité. En las democracias.

¿¡Qué es esto!? ¿Un correccional? ¿¡Qué es esto!? ¿Una cárcel de verdad, en la que uno no puede sonreír o payasear, porque se sale de la rutina obligada que le corresponde a cada clan, a cada clase o a cada sociedad…?

¡Tremendo!

¡Claro! Podemos pasar por alto la noticia y no darle mayor importancia. Y decir: “¡Bah! Tonterías de la radio”. Ya, pero… ¡no, no! Sí tiene importancia.

 

¡La rutina!... Y a este propósito recordamos otro ejemplo francés, en el que…

Creo que casi todos habrán oído hablar del General Charles De Gaulle, “Président de la République Française” –oui-. Este hombre fue el que dirigió la rebelión o la resistencia francesa –cuando la invasión de la Alemania prepotente- y luego llegó a ser presidente. ¡Era un hombre muy alto!, ¡muy alto! –¡vamos!, parecía que jugaba en la NBA-. ¡Y tenía una nariz enorme! ¡Enorme! Y era… ¡general! Era ¡militar! Y, como saben, les gusta la disciplina, les gusta el orden, les gusta ¡la rutina!

Pues bien, para honor de él, recordar una pequeña anécdota: que iba en su coche, camino del Palacio del Elíseo –la residencia oficial de los presidentes de la república francesa- y vio que había unos niños –¡unos niños!- que estaban protestando y manifestándose –pero niños, ¿eh?- contra la profesora, contra algo –“algo” no querían los niños-. Y entonces, el hombre paró –mandó al chófer que parara: “¡pare, pare, pare, pare!”-, se bajó del coche y se puso a protestar con los niños. No sabía de qué protestaban, pero da igual: hay que protestar…

Los niños quedaron un poco “emparvulados” –claro- al ver aquella cosa tan grande… “Allez, allez, allez. Continuer… ¡Allez! ¡Vive La France!, ¡vive La France!, ¡vive La France!”… Y nada, pues les achuchó; y, claro, los niños vieron a un señor tan grande, que parecía un Papa Noel francés, y se animaron más, ¿no? ¡El espanto de la profesora y de los profesores, al ver que el mismísimo presidente protestaba!… Él no sabía cuál era la protesta, pero quería inducir a los niños a que, bueno, que manifestaran sus agrados o desagrados –en este caso era desagrado-. Y bueno, saludó a todo el mundo, y luego se metió en el coche y se fue.

¡Se salió de la rutina!... –cosa difícil en un personaje de esa “¡talla!”, nunca mejor dicho-.

Pero… eso es “un problema”, en nuestra consciencia social, en nuestra consciencia… Obviamente, estas salidas de rutina se les consienten a los famosos, a los importantes y… Pero, a los que no son tan importantes ni tan famosos, no se les consiente tanto; porque la rutina y el orden y la ley, hay que cumplirlas.

Tanto es así que… le preguntas a “Tongo” o a “Burundanga”, por ejemplo:

-Oye, Tongo, ¿te acuerdas tú de aquel ayer en que yo te conocí, ¿verdad?, cuando jugábamos al basket-ball, y tuvimos una refriega?

-¡Hombre, sí! ¡Claro que sí!... Papi, claro que sí.

-Bueno, Tongo, ¿tú te acuerdas de que me insultaste? ¿Te acuerdas?

-Que te insulté. Eeee… ¡sí!, ¡sí!

-Fue famosa aquella refriega, porque todo el mundo se puso allí, a ¡ah, ah, ah, ah, ah!…

-Sí… sí…

-Oye, ¿tú sabes por qué, por qué, por qué me diste aquel golpe con el codo, en las costillas…? Que, ¡de verdad!... que son golpes que molestan bastante.

Es muy típico de los combates de boxeo, cuando hay el clinch –cuando se enganchan-, pues… golpear al contrario en los espacios intercostales; porque le das golpecitos, golpecitos –lo más fuerte posible, claro-, y la respiración se la vas minando poco a poco, hasta que llega un momento en que no puede casi respirar, momento ideal para que baje la guardia y le des –nunca mejor dicho- un guantazo, y knock-out –bueno, es argot boxístico-.

El caso es que… te dan una explicación rutinaria, pero no te dicen…

Porque tú quieres aclarar, ¡quieres saber qué pasó!...

¡No!: “La rutina, ¿qué dice?”.

O sea que, ni siquiera –¡ni siquiera!-… ¡Ay!, ¡qué cara está la verdad! ¡Carísima! ¡Pero muy cara! ¡Es que no hay quien la compre!…

Por eso es “la verdad”.

Bueno, el caso es que, cuando ahora se pusieron de moda las memorias históricas, y se va a saber qué pasó y cómo pasó, la rutina de lo que se dijo en su momento queda impresa en una nebulosa de respuestas… que no sabes. Te quedas… obsoletamente… desclasificado. Rutinariamente desclasificado. ¡Ya no tiene valor! Y cuando tratas de averiguar el porqué y el cómo, dentro de esa rutina, hasta te contestan así:

-¡Pero eso ya no tiene valor! ¡Eso no tiene ningún valor, hombre! Eso no…

-Ya, pero… No tendrá ningún valor, pero ¡ha condicionado un comportamiento! ¡Ha condicionado una respuesta!

No es cuestión de que tenga o no tenga valor, ¡tengo que conocer esa incidencia! ¡Si conozco la incidencia de un acontecimiento concreto en la estructura del ser!, ¡¡puedo explicarme por qué le duele la espalda!!

-¡Y esto ocurrió hace cuatro años, o tres…!

¡Ya! Sí, sí, sí. ¡Pero si sé cómo ocurrió y porqué ocurrió! –como variable- ¡y cuál fue su significado y su verdadero valor!, ¡puedo entender por qué continúa el dolor de espalda! Si lo dejo en la rutina de que “No tiene importancia; si, total, hace tiempo que pasó”…

¡Sí! ¡Hace tiempo que pasó, cierto! Pero aquel ser quedó traumatizado; aquel otro, quedó inutilizado; aquél otro quedó deprimido; aquél otro quedó destrozado. Y cuando queremos ver, nos remiten a la rutina, nos remiten a la tontería…

-¡Ah! ¡Fue una tontería! ¡No tiene importancia!

-Ya, pero me diste tal golpe en los costales –¿verdad?- que estuve una semana respirando por la oreja. Entonces, respirar por la oreja… que se parece a un pulmón, sí, pero, oye, pero cuesta, ¿eh? Hasta que conviertes en alveolos a las orejas, de verdad que… No. Eso tuvo un significado. ¡Es más!, yo te sentía como amistad, y con aquel golpe, ¡coño!, ya… se me hace difícil. Me gustaría que me explicaras, que me dijeras cómo… como decía la canción: “yo no sé, no sé decirte qué pasó”…

Por cierto, hoy la canción ha estado ritmada; así, bien… Creemos que era Uberney, así que congratulations. Además, en inglés y todo. Si es que, cuando se quiere…“de veras, como te quiero yo a ti”… sí; pues sale, sale, sale. ¡Qué cosa!, ¿no?

Bueno. El caso, el caso es que… la rutina nos va envolviendo, como hace la araña sobre sus piezas, con la fina e hilada pretensión de inmovilizar –y a buen seguro que lo hace- a su presa, para luego digerirla poco a poco, en trocitos. Tiene un sistema de conservación, como nevera, y tiene ahí, siempre, recursos, ¿verdad?

-¡Ah! ¡La nevera...?

-¡Sí!

-¿Qué pasa con la nevera? ¡Ah, claro! Ahora que tenemos nevera, pues parece que no se puede vivir sin nevera. Y entonces, claro, todo está conservado.

-¡Ahhhhh!...

-Y cuando está fuera de la nevera, se estropea.

-¡Ahhhhhh! Entonces, ¿eso es una rutina?

-¡Síiiiiii!

-Entonces, ¿estamos conservados…?

-¡Síiiii!

-Congelados.

-¡Síiiiii!

-Fríos.

-¡Síiiii!

-¿Y el calor…? ¿Y el calentamiento global? Todo eso, ¡qué?

-¡No, hombre, no! Eso… se estropea todo. Eso estropea todo.

-Ah, ¿sí?

-Sí. Hay que estar congela’os.

-¡Ahhhh!

Eso de ponerle pasión, ilusión, creatividad, novedad… ¡No, no, no, no, no, no! “No, que no, que no, María Cristina, que no, que no”

Entonces, claro, la rutina dice que “María Cristina me quiere gobernar”. Y claro, tú –a veces- para evitar que te gobierne, le sigues la corriente, ¡y bueno!…

¡Ay!... Se podría escribir la historia de la humanidad a través del empalme de fragmentos de canciones. Un genoma curioso, sonoro, de palabras… con muy pocas variables.

 

Si lo Divino se hace variable de forma permanente…; siendo, además, lo Invariable: ¡que parece que no varía! Pero parece que no varía, en su inmensa grandeza. Igual que parece que no se mueve la tierra; igual que parece que no nos trasladamos alrededor del sol…

“Parece”. ¡Parece!

Cuando ya adquirimos la consciencia de nuestro estar, de nuestro saber, es necesario, en el orden de la Creación, en el “orden” –entre comillas “orden”- de la evolución, que la rutina se renueve; la rutina, se ‘creativice’; la rutina se promueva a otras perspectivas.

Así, el ser se renueva, se regenera, se readapta; se hace tan complejo que… tiene recursos para abrirse cada vez a más dimensiones y a más variables.

 

En el sentido amplificado de consciencia, cuando nos disponemos a ser testimonios de la Creación –“en el sentido amplificado de la consciencia, cuando nos disponemos a ser testimonios de la Creación”-, la rutina es un riesgo innecesario. ¡Y ha de aflorar!... lo particular, lo original, lo novedoso de cada uno. Y, en consecuencia, ensamblarse. Sí; se ensambla esto con aquello, con lo otro, y ¡se crea! –se crea-, se crean nuevas configuraciones. ¡Claro que sí! Nuevas… versiones.

 

Aunque el río sigue su cauce, siempre tiene variables de acuerdo con la lluvia.

 

La Creación nos envuelve en… ‘únicos’, a cada ser, y nos conecta para que podamos recrearnos en novedosos mundos. Contamos con el abrazo de Lo Divino para poder vibrar y responder, acordes a lo que tenemos como diseño; ¡a lo que somos como… necesidad de especie!

Así, ¡sí estamos en “calidad” de vida!

Cuando entramos en la rutina segura… y cómoda, entramos en ¡la ruina de vida!

 En la “caridad” de vida; no en la calidad.

 

Hacer, de las rutinas impuestas, ¡autoimpuestas!, un desgravamen de leyes y órdenes… para entrar en un fluir sincero de lo que cada ser experimenta, y descubriendo lo que verdaderamente se piensa que uno tiene que realizar –o debe-, es un hacer cotidiano.

¡Es lo que da la… la variable de cada día!

Es lo que nos ‘humoriza’.

Es lo que nos hace sentirnos… en la perpetua creación del sin-tiempo; del sin-roce; de la suavidad complaciente.

TIAN

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